“Security trumps economics.” — John Mearsheimer.
“You better have nukes or else you’re going to get regime change.” — Tucker Carlson.
En el comentario de mercado de marzo, Ignacio Fuertes plantea un hilo conductor: la lógica de “Conmoción y Pavor” (Shock & Awe) nacida como estrategia militar de “dominio rápido”. Se traslada al terreno de la narrativa oficial y, desde ahí, conecta con geopolítica, energía y comercio con especial atención al estrecho de Ormuz, como palancas de poder con impacto directo sobre el escenario de mercado.
“Shock & Awe” y la estrategia de narrativa
“Conmoción y Pavor” se describe como una estrategia orientada a “paralizar la capacidad de resistencia del enemigo y quebrar su moral”. En ese marco, el texto sostiene que Pete Hegseth “parece haber extendido esa misma lógica al ámbito de la narrativa oficial”, mediante una comunicación “agresiva y de fuerte impacto”.
La idea de fondo del documento es que la comunicación, el posicionamiento y la capacidad de marcar agenda pueden convertirse en herramientas de proyección de poder, y que esa dinámica condiciona expectativas, primas de riesgo y el comportamiento de los activos.
De “alto riesgo” a “alta probabilidad”: estrecho de Ormuz como ejemplo
El comentario enmarca el cierre del estrecho de Ormuz como un caso representativo de un cambio de régimen en la distribución de riesgos: “los eventos de alto riesgo se han convertido en eventos de alta probabilidad”.
Ese punto es clave porque el texto lo utiliza para reforzar una tesis más amplia: entramos en un mundo “neomercantilista”, donde los Estados recurren a medidas no convencionales para fortalecer posición geopolítica y capacidad de proyección global.
Una secuencia con lógica: el “camino hacia Pekín”
En ese contexto, el documento interpreta la sucesión de acontecimientos desde el regreso de Trump al poder como “episodios aparentemente dispersos” que, “en nuestra opinión”, responden a una “misma lógica de acumulación de poder negociador frente a China”.
A partir de ahí, enumera una cadena de hitos: Canal de Panamá, Liberation Day, intervención en Venezuela, aumento de presión sobre Cuba, sentencia del Supremo e inicio de la segunda campaña contra Irán. Y añade una idea común: Washington estaría dispuesto a usar “con más agresividad” comercio, energía y geopolítica como herramientas de poder.
China: dependencia energética… y algo más
El comentario sitúa Oriente Medio como un espacio central para las potencias con aspiraciones globales y subraya que China es “estructuralmente dependiente del exterior para abastecerse de energía”, y que esa dependencia “no es solo energética, sino también logística y monetaria”.
El texto concreta que Pekín importa en yuanes una parte elevada del crudo que consume (con menciones a Rusia e Irán) y advierte que una alteración prolongada del tránsito en Ormuz no solo encarecería la factura energética, sino que aumentaría vulnerabilidad industrial y financiera.
Neomercantilismo: comercio, energía y moneda vuelven a converger
“El comercio, la energía y la moneda vuelven a converger.” A partir del “reseteo parcial del comercio global” por los aranceles del Liberation Day, el documento plantea una posible siguiente fase: ir más allá de reducir consumo y aumentar producción interna, y que parte de la corrección del déficit bilateral con China pudiera venir “eventualmente” de sustituir parcialmente compras de crudo ruso o del Golfo por petróleo estadounidense “denominado y pagado en dólares”.
En la lógica del documento, esa posibilidad reforzaría simultáneamente balanza comercial, industria energética y el papel del dólar como moneda de reserva.
China 2026: objetivo de crecimiento 4,5%–5%
El texto añade un dato macro relevante: China fija para 2026 su “objetivo de crecimiento más bajo desde 1991”, con un rango del 4,5% al 5%. A partir de ese hecho, interpreta un mensaje implícito: asumir una etapa de menor crecimiento, reequilibrar gradualmente el modelo impulsando más consumo interno, sin renunciar a autosuficiencia industrial y tecnológica.
El “pago político” que exige la estrategia
Desde la perspectiva política estadounidense, el documento afirma que la estrategia “solo tendría sentido si fuera acompañada de una jugosa recompensa”, y conecta esa necesidad con expectativas del electorado (menos inflación, energía más barata, mercados más fuertes y menor implicación exterior). En ese marco, cualquier endurecimiento geopolítico necesitaría traducirse “antes o después” en resultados concretos: condiciones energéticas y comerciales más ventajosas, unidas a bajadas impositivas y de tipos y una regulación más laxa, para abordar la crisis de asequibilidad.
Si el estrecho de Ormuz se reabre: vuelta a tres tendencias estructurales
El comentario plantea que una eventual reapertura del tránsito por Ormuz devolvería el foco a tres grandes tendencias que “ya venían definiendo el nuevo ciclo”:
- reindustrialización de Occidente por seguridad económica;
- reasignación progresiva de activos desde EE. UU. hacia geografías con valoraciones más atractivas y, si es posible, ricas en recursos críticos;
- ajuste real de la deuda en Occidente, con la disciplina monetaria cediendo espacio a políticas fiscales y monetarias más expansivas y mayor protagonismo del Estado.
Conclusión: “cambio de régimen” y un nuevo paradigma para el inversor
“El mundo ha entrado en una nueva fase” en la que las grandes potencias compiten por control, influencia, autonomía estratégica y capacidad de coerción, y donde la seguridad nacional pesa más que la maximización inmediata del beneficio empresarial. El texto concluye: “Nos encontramos ante un cambio de régimen.”
Para el inversor, el documento lo sintetiza como “un nuevo paradigma”: gestionar bien el riesgo, entender el entorno regulatorio, identificar dependencias críticas y distinguir entre sectores favorecidos y vulnerables deja de ser una ventaja para convertirse en “una condición indispensable”, en un entorno “más fragmentado, más político y más volátil”.
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